Oro bajo presión apunta a fase bajista
El mercado afronta una semana especialmente relevante, con varios factores que pueden determinar la evolución de los principales activos financieros. La atención sigue centrada en la evolución del petróleo, la inflación y la política monetaria de la Reserva Federal, mientras la incertidumbre geopolítica continúa elevada. Las negociaciones entre Estados Unidos e Irán siguen sin alcanzar un acuerdo después de la reunión del viernes, por lo que el riesgo geopolítico permanece vigente. Sin embargo, el petróleo ha retrocedido más de 3 dólares desde sus máximos recientes, reflejando que una parte del mercado sigue descontando la posibilidad de algún avance diplomático y, sobre todo, una eventual recuperación de los suministros.
Esta evolución del crudo es especialmente importante porque afecta directamente a las expectativas de inflación. Un petróleo más barato puede aliviar las presiones sobre los precios y, en consecuencia, reducir la necesidad de mantener una política monetaria excesivamente restrictiva. Pero, al mismo tiempo, una menor presión inflacionista y una eventual reducción de la prima de riesgo geopolítica eliminan dos de los argumentos que han favorecido al oro. El metal precioso se encuentra así atrapado entre dos fuerzas contrapuestas: unos tipos de interés elevados y un dólar potencialmente más fuerte presionan a la baja, mientras que la incertidumbre geopolítica y las compras de los bancos centrales continúan proporcionando soporte.
La Reserva Federal mantiene precisamente el foco sobre la inflación. La semana pasada elevó los tipos de interés en 25 puntos básicos, hasta el rango del 3,75%-4,00%, y dejó abierta la posibilidad de nuevas subidas antes de finalizar el año. Esta semana, el mercado tendrá dos referencias fundamentales para determinar si esa postura puede mantenerse: el miércoles se conocerá el dato de inflación PCE, una de las principales referencias utilizadas por la Fed, y el viernes se publicarán las cifras de empleo de Estados Unidos. Un PCE elevado y un mercado laboral todavía sólido reforzarían la perspectiva de tipos altos durante más tiempo, mientras que una moderación clara de la inflación o un deterioro significativo del empleo podrían reactivar las expectativas de recortes.
Este escenario es particularmente relevante para el oro. Aunque tradicionalmente se considera una protección frente a la inflación, el metal pierde atractivo relativo cuando los tipos de interés y las rentabilidades de los bonos aumentan, ya que los inversores disponen de alternativas que generan intereses. Al mismo tiempo, un dólar fuerte suele ejercer presión adicional sobre el precio del oro, al encarecerlo para los compradores que utilizan otras divisas. Por ello, la combinación de una Fed restrictiva, rendimientos elevados y un dólar con capacidad de recuperación constituye actualmente uno de los principales argumentos bajistas para el metal.
El cierre del viernes en 4.284 dólares por onza refuerza esta lectura. Desde nuestra perspectiva, el oro ha entrado en una fase de corrección que podría profundizarse durante las próximas semanas. La evolución del petróleo, las expectativas sobre los tipos de interés y, especialmente, los datos de inflación y empleo de Estados Unidos serán determinantes para confirmar esta tendencia. Mientras no se produzca un cambio significativo en las expectativas de política monetaria, consideramos que el balance de riesgos continúa inclinado a la baja y que el oro podría buscar niveles progresivamente inferiores.
En este contexto, mantenemos una perspectiva bajista para el oro a medio plazo, con los 4.284 dólares como referencia tras el cierre del viernes y un objetivo en torno a los 3.950 dólares por onza. El recorrido, evidentemente, no tendría por qué ser lineal y la elevada incertidumbre geopolítica puede provocar rebotes importantes. Sin embargo, si la Fed mantiene los tipos en niveles restrictivos durante más tiempo, el coste de oportunidad de mantener oro seguirá siendo elevado y podría favorecer nuevas ventas del metal.